4 de marzo de 2011

El siglo XIX oculto (II): Los malos sueños de Füssli

El siglo XIX será el momento en el que se producirán algunos de los acontecimientos más relevantes de la historia de la humanidad. Un siglo de revoluciones, rupturas y descubrimientos, donde el mundo cambió para siempre y donde los seres humanos tuvieron que cambiar con este mundo nuevo. Un siglo que gestó lo mejor y lo peor del siglo XX, en el que la humanidad definitivamente se volvió hacia el futuro y lo conquistó.

Como era de esperar el arte no será ajeno a las convulsiones de su época, y como en otras esferas también se romperá con los esquemas anteriormente marcados iniciando el camino hacia la modernidad, hacia nuestros días. Romanticismo, Realismo, Impresionismo, Post-Impresionismo o Modernismo, movimientos conocidos por todos que van a promulgar algunos de los valores claves del arte moderno: la emoción del artista como motor de la obra, la disolución de los límites entre lo figurativo y lo abstracto, la importancia de la ciencia, aplicada al arte o la conversión de la obra en un instrumento de denuncia social. Sin embargo, como en todas las épocas de la Historia, existirán artistas que, aun fuera de los temarios de las clases de instituto o del conocimiento del común de los mortales (¿Quién no conoce a Monet o a Van Gogh?), van a aportar un importante grano de arena en la ruptura que de las convenciones artísticas se producirá en el siglo XIX. Artistas marginales en su época, ignorados hasta hace poco tiempo por la historiografía, pero que sin embargo nos presentan mundos fascinantes, modos enfrentarse a la práctica artística nunca vistos hasta entonces, adelantados que supieron valorar manifestaciones artísticas de otras épocas y lugares o simplemente excéntricos creadores que plasmaron sobre el lienzo sus delirantes fantasías.

Ya en el anterior post os hemos presentado a uno de estos artistas visionarios: William Blake, ahora repasaremos a otro.

Johann Heinrich Füssli (1741-1825)

Aunque Füssli realizó el grueso de su obra en la segunda mitad del siglo XVIII, al igual que Blake, a quien le une no solo una estética similiar en sus obras sino también la gran carga de misterio místico de estas, es considerado como un artista decimonónico.
Füssli era suizo, y como tal, tendrá una íntima relación con la cultura germana. De hecho, formará parte del grupo Sturm und Drang, un movimiento que se anticipará y reivindicará los valores que más tarde tomarán como característicos los artista románticos.
Esa tempestad vital estará patente en todas sus obras en las que los claroscuros, la violencia latente, la tragedia, las figuras monumentales y misteriosas, el movimiento casi irracional, las composiciones enrevesadas y ese universo místico y oscuro lo invadirán todo.

La Pesadilla

El silencio

Satánica llamada a Belcebú en el infierno

Undine en la casa del pescador

Titania acariciando la cabeza del burro