4 de marzo de 2011

El siglo XIX oculto (II): Los malos sueños de Füssli

El siglo XIX será el momento en el que se producirán algunos de los acontecimientos más relevantes de la historia de la humanidad. Un siglo de revoluciones, rupturas y descubrimientos, donde el mundo cambió para siempre y donde los seres humanos tuvieron que cambiar con este mundo nuevo. Un siglo que gestó lo mejor y lo peor del siglo XX, en el que la humanidad definitivamente se volvió hacia el futuro y lo conquistó.

Como era de esperar el arte no será ajeno a las convulsiones de su época, y como en otras esferas también se romperá con los esquemas anteriormente marcados iniciando el camino hacia la modernidad, hacia nuestros días. Romanticismo, Realismo, Impresionismo, Post-Impresionismo o Modernismo, movimientos conocidos por todos que van a promulgar algunos de los valores claves del arte moderno: la emoción del artista como motor de la obra, la disolución de los límites entre lo figurativo y lo abstracto, la importancia de la ciencia, aplicada al arte o la conversión de la obra en un instrumento de denuncia social. Sin embargo, como en todas las épocas de la Historia, existirán artistas que, aun fuera de los temarios de las clases de instituto o del conocimiento del común de los mortales (¿Quién no conoce a Monet o a Van Gogh?), van a aportar un importante grano de arena en la ruptura que de las convenciones artísticas se producirá en el siglo XIX. Artistas marginales en su época, ignorados hasta hace poco tiempo por la historiografía, pero que sin embargo nos presentan mundos fascinantes, modos enfrentarse a la práctica artística nunca vistos hasta entonces, adelantados que supieron valorar manifestaciones artísticas de otras épocas y lugares o simplemente excéntricos creadores que plasmaron sobre el lienzo sus delirantes fantasías.

Ya en el anterior post os hemos presentado a uno de estos artistas visionarios: William Blake, ahora repasaremos a otro.

Johann Heinrich Füssli (1741-1825)

Aunque Füssli realizó el grueso de su obra en la segunda mitad del siglo XVIII, al igual que Blake, a quien le une no solo una estética similiar en sus obras sino también la gran carga de misterio místico de estas, es considerado como un artista decimonónico.
Füssli era suizo, y como tal, tendrá una íntima relación con la cultura germana. De hecho, formará parte del grupo Sturm und Drang, un movimiento que se anticipará y reivindicará los valores que más tarde tomarán como característicos los artista románticos.
Esa tempestad vital estará patente en todas sus obras en las que los claroscuros, la violencia latente, la tragedia, las figuras monumentales y misteriosas, el movimiento casi irracional, las composiciones enrevesadas y ese universo místico y oscuro lo invadirán todo.

La Pesadilla

El silencio

Satánica llamada a Belcebú en el infierno

Undine en la casa del pescador

Titania acariciando la cabeza del burro

3 de marzo de 2011

Alrededor del Romanticismo: William Blake, el artista visionario

En ocasiones la Historia del Arte, en su esforzado intento por clasificar de manera clara y lógica las grandes obras y artistas de la humanidad, cae en el error de querer "ponerle puertas al campo". Es decir, que no siempre es posible situar a un artista u obra en un estilo, ya que en ocasiones difícilmente podemos encajarlo en la casilla de nuestra tabla de catalogación. Habitualmente encontramos grandes genios que, con su imaginación, talento y sobre todo, individualismo, desarrollaron un arte lo suficientemente personal y complejo para que sea difícil encuadrarlo en un movimiento. A veces los artistas se adelantan a su tiempo, y en un momento en que predominan determinados valores y gustos, rompen la norma, bien por rebeldía contestataria, bien por pura necesidad vital, y plantean nuevas formas, nuevos temas, nuevos lenguajes.

El caso de William Blake sirve perfectamente para ejemplificar esta cuestión. Nacido a mediados del siglo XVIII en Inglaterra, vivió en el Londres de la Ilustración, el Neoclasicismo y la confianza en los principios de la Ciencia, la Razón y el Progreso. Sin embargo Blake, de personalidad compleja, desconfiado e imaginativo, se rebeló furioso contra los valores de una sociedad que consideraba vanidosa, pretenciosa y materialista, y creó para sí mismo un mundo paralelo dominado por la fantasía, la magia y la espiritualidad. Dotado de un gran talento para la poesía, editó muchas colecciones de poemas decoradas de una manera muy original con ilustraciones absolutamente insólitas, en ocasiones monstruosas, otras veces bellísimas, y siempre con una apariencia alucinante, como si se tratase de visiones de algún sueño o revelación.

Muy crítico con la religión, las leyes y la ciencia (que consideraba privaban de libertad a las personas con sus dogmas, normas y principios), William Blake se mostró entusiasmado con las revoluciones políticas de finales del siglo XVIII, y siguió muy de cerca a algunos pensadores místicos. Como creador, utilizó todo tipo de referencias para realizar las imágenes de su peculiar mundo: el arte medieval, el manierismo, la Edad Antigua...todo le servía para ilustrar los pasajes de sus libros de poemas (los más famosos, "Canciones de inocencia", "Canciones de experiencia" y "El libro de Thel"). Desgraciadamente, durante su vida William Blake no gozó de gran éxito y su obra fue tratada con desprecio por sus compañeros y el público de la época. Hoy, sin embargo, reconocemos en sus ilustraciones la genialidad de un hombre único, libre, que no sólo se adelantó en muchos años a los principios del Romanticismo, sino que preludió, con más de un siglo de distancia, algunas de las corrientes artísticas de la modernidad, como el Simbolismo o el Surrealismo.

A continuación os dejamos algunos ejemplos de su amplia producción:

Canciones de Inocencia

El Anciano de los Días

Escala de Jacob

Newton

3 de diciembre de 2010

Los Delaunay

¡Hola! En estos días de frío tremendo y fuertes nevadas, lo mejor que podemos hacer es quedarnos en nuestras casas, bien calentitos y tranquilos, escuchando buena música (¿qué tal algo de Debussy?) y leyendo un libro o disfrutando de una amena conversación con algún familiar o amigo. Desde aquí queremos desearos un feliz puente: aprovechad para descansar, resolver tareas pendientes y no olvidéis divertiros. Nos vemos a la vuelta, aunque por poco tiempo, que ya se acerca la Navidad. Como recomendación para estos días libres, os invitamos a que descubráis al matrimonio Delaunay, pareja de artistas contemporáneos sumamente interesante.

Él, Robert, fue un fantástico pintor de vanguardia que entregó buena parte de su carrera a reinterpretar la realidad del París de principios del XX desde una perspectiva colorista, dinámica y un tanto ingenua, mezclando ecos del incipiente cubismo, del futurismo y del movimiento fauve en su paleta, coctelera de la que surgieron obras preciosas como la serie que dedicó a la Torre Eiffel, tótem del progreso tecnológico que fascinaba a Robert y que retrató en numerosas ocasiones desde todos los ángulos posibles. Ella, Sonia (de soltera su apellido era Terk), destacó en el mundo del diseño textil, creando magníficos vestuarios para espectáculos de la época. Fue ella quien experimentó en primer lugar con formas abstractas en sus pinturas y estampados, sobre todo círculos concéntricos con ritmos de color en contraste simultáneo, influyendo fuertemente a su marido, que igualmente optó por dicha vía creativa. Además, Sonia fue la primera mujer a la que se dedicó una exposición retrospectiva en el Museo del Louvre.

Entre los dos pusieron en marcha el llamado Orfismo, tendencia vanguardista entregada a la exaltación del color como medio puro de expresión con cualidades mágicas y espirituales. Os dejamos algunas de sus obras para que las disfrutéis. ¡Nos vemos en unos días!

Robert Delaunay - Torre Eiffel

Robert Delaunay - Homenaje a Blériot


Sonia Delaunay - Diseños de vestuario

Sonia Delaunay - Ritmo sin fin


18 de noviembre de 2010

5 palabras clave para entender la arquitectura gótica

¡Hola a tod@s! ¿Cómo lleváis la semana? Esperamos que bien, de todas formas, ¡mañana ya es viernes! Hoy vamos a tratar un estilo artístico sumamente interesante y del cual contamos con magníficos ejemplos arquitectónicos en España: el gótico. Pero en lugar de hacer una explicación a modo de tema, vamos a intentar resumir en cinco palabras clave la esencia de su arquitectura. ¡Allá vamos!

Suger de Saint Denis.
Abad en Saint Denis, abadía situada a las afueras de París donde tradicionalmente se enterraban los reyes de Francia desde tiempos de Hugo Capeto (muerto en el 996). Muy cercano a Luis VII de Francia, Suger de Saint Denis desarrolló una nueva filosofía estética según la cual la belleza, brillo y lujo de los objetos terrenales pueden ser considerados un medio de alcanzar a imaginar la belleza de lo divino. Suger planteó así un abandono de la austeridad románica (cuyo máximo representante fue el sobrio cisterciense Bernardo de Claraval) en beneficio de un arte mucho más cercano a la experiencia sensible. Las obras que promovió hacia 1140 en la fachada y cabecera de la iglesia de su abadía se consideran el primer paso hacia una nueva arquitectura que terminaría desembocando en el gótico.


Espacio.
La arquitectura gótica se caracteriza fundamentalmente por la renovación que supone, en términos de espacio, con respecto a la anterior tradición románica. En el gótico se emplean nuevos tipos de soportes (pilares fasciculados), bóvedas (de crucería) así como arbotantes y contrafuertes que, combinados, facilitan dos logros: 1) componer tramos cubiertos muy amplios y altos, y 2) abrir grandes ventanales en los muros, ahora libres de función estructural gracias al uso de los mencionados arbotantes y estribos. Así, la arquitectura gótica clásica se caracteriza entonces por su amplitud, esbeltez y por la presencia de luz en sus interiores (eso sí, una luz muy particular que también comentaremos).



Luz.

Previamente aludimos al papel de Suger de Saint Denis, encargado de crear una nueva teoría estética según la cual la experiencia sensible puede ayudar a vislumbrar lo celestial. Con los nuevos logros técnicos, los muros de los templos góticos dejan de funcionar como soportes para convertirse en puras pantallas. En consecuencia, se abren enormes vidrieras (ventanales realizados con fragmentos de cristal coloreado y emplomado) que filtran la luz exterior convirtiendo el interior del templo en un auténtico espectáculo visual hasta entonces inédito. Los grandes interiores góticos, con su infinidad de vidrieras de color, generan un espacio fascinante que pretende recrear la Jerusalén Celeste en la propia Tierra. La luz del gótico no ilumina, sino que proyecta color, desmaterializa la piedra y evoca otra realidad para asombro de los fieles. Las vidrieras sirven además de soporte a innumerables relatos figurativos, episodios bíblicos, hechos históricos, fábulas, signos zodiacales, escenas populares...toda clase de imágenes inundan los muros de las catedrales góticas, como páginas traslúcidas de un grandioso libro.

Ojiva.
La ojiva (o arco apuntado) es aquella forma que se obtiene con dos porciones curvas de igual radio que se cortan en ángulo agudo. La ojiva o arco apuntado es la forma característica de la arquitectura gótica, por contraposición al arco de medio punto románico. Aunque hemos de recordar que el arco apuntado ya aparecía en algunos edificios románicos (Cluny III, arquitectura cisterciense), éste aún era empleado dentro de un lenguaje y concepción espacial diferentes de la propuesta gótica. A partir de mediados del siglo XII veremos el arco apuntado formando parte de todas las nuevas estructuras góticas, ya sea separando las naves, reforzando las bóvedas de crucería o componiendo grandes ventanales.

Chartres.
La catedral de Nuestra Señora de Chartres, en la localidad de Chartres (a unos 50 kms. de París) es el primer gran ejemplo de arquitectura gótica "madura", es decir, en la que se reconoce un estilo ya perfectamente definido y nuevo, tras los experimentos precedentes en las catedrales de Laon, Noyon o París. En 1196 un incendio devastó la mayor parte de la primitiva catedral románica, respetando únicamente la cripta (donde se guardaba una reliquia de la Virgen) y la llamada Portada Real, en la zona de la fachada. Un año después del incendio se iniciaron las obras del nuevo templo, que estuvo terminado hacia 1260. En líneas generales, la nueva obra gótica de Chartres cumple ya con todos los rasgos de dicho estilo: tramos rectangulares cubiertos con bóveda de crucería, soportes compuestos, alzado triple (arquerías de separación de naves, triforio o galería en el grosor del muro y claristorio o cuerpo de ventanales), empleo sistemático de arbotantes y contrafuertes en todo el perímetro del edificio y desarrollo de una cabecera o coro de gran superficie respecto a las dimensiones relativamente modestas del cuerpo de naves.



17 de noviembre de 2010

Edward Hopper, pintor de la soledad

¡Buenos días a tod@s! Hoy vamos a tratar la vida y obra de un pintor al que seguramente conozcáis muy bien, aunque quizá no seáis conscientes de hasta qué punto. Como en el temario del curso se hace imposible abordar la pintura moderna americana, trataremos a esta figura imprescindible en nuestro blog. Edward Hopper nació en un pequeño pueblo del estado de Nueva York el 22 de julio de 1882, en el seno de una familia acomodada. Tras una infancia y juventud marcadas por su carácter introspectivo (disfrutaba dibujando y leyendo sin pasar mucho tiempo con los chicos de su edad), inició su formación como artista en la New York School of Art, donde conoció al pintor realista Robert Henri. Este maestro marcó a un joven Hopper que pronto empezó a desarrollar su particular interes por la captación de escenas de la vida cotidiana y asuntos urbanos.

En 1906 Hopper viajó a Europa, particularmente a París, donde pudo entrar en contacto con todo el universo artístico del momento. Aunque en aquellos tempranos años del siglo XX ya estaban en marcha algunas vanguardias (fauvismo), a Hopper lo que más le interesó fue la pintura impresionista, quedando asombrado por la capacidad de artistas como Monet, Pissarro o Sisley para captar las calidades de la luz en exteriores. Tras regresar a EEUU vinieron años difíciles para Hopper, quien no lograba vender con éxito las pinturas de estilo francés que entonces realizaba, teniendo que sobrevivir como ilustrador.

El éxito comercial llegó por fin en 1923, coincidiendo con su matrimonio con Josephine Nivison, también artista, con la que pasaría el resto de su vida. En las décadas siguientes el nombre de Edward Hopper comenzó a cobrar fuerza, hasta el punto de que, irónicamente, fue en plena Gran Depresión (década de 1930) cuando su carrera alcanzó el punto álgido. Hopper fue considerado entonces el "gigante de la pintura americana": hasta la década de 1950 mantuvo su intensa producción, para después caer en una especie de bloqueo creativo del que ya no se recuperó jamás. Finalmente, aquejado de diversas enfermedades, murió en 1967.

Night rooms (1928)

Hotel room (1931)

Office at night (1940)

Nighthawks (1942)

Hombre retraído, silencioso y tímido, Hopper produjo una pintura igualmente serena, melancólica y un tanto fría. Genial observador, consiguió retratar con gran sensibilidad escenas cotidianas de la vida en la gran ciudad, interiores de oficinas, bares y tristes habitaciones de hotel. Igualmente se interesó por representar las estaciones de servicio y gasolineras, moteles y playas de la costa de Nueva Inglaterra, transmitiendo siempre una mirada distante, casi de turista más que de lugareño, y en ocasiones un tanto angustiosa. Hopper puede ser considerado un pintor realista, aunque sus imágenes tienden a ser sintéticas, es decir, simples y poco matizadas, nada detallistas. El manejo de la luz es uno de sus rasgos característicos, así como la composición de espacios de geometrías muy sólidas en las que el ser humano ocupa su lugar casi por casualidad, despojado de verdadero protagonismo, convertido en un maniquí, a veces absorto, a veces pensativo. El carácter contemplativo, silencioso y desolado de su pintura en ocasiones se aproximó a cierta tendencia surrealista: sin embargo, la incómoda quietud de la pintura de Hopper no procede de los sueños o de universos imaginarios, sino de la cruda cotidianeidad. En definitiva, podemos decir que la pintura de Edward Hopper representa a un tiempo una aproximación casi periodística a la vida del ciudadano medio americano de principios del siglo XX, así como una reflexión acerca de la soledad y alienación del individuo en la sociedad contemporánea.

Gas (1940)

Morning sun (1952)

Rooms by the sea (1951)

Hoy Hopper permanece como una referencia fundamental dentro del arte americano y de todo el arte del siglo XX. Su técnica y estilo fueron siempre los de un creador un tanto conservador que no se interesó por las novedades de la vanguardia abstracta, pero su modernidad se encuentra precisamente en la poética de sus obras, en su capacidad para retratar con precisión la situación incierta del hombre en el marco de la extraña vida contemporánea. Su forma de ver, o mejor dicho, de mirar, ha marcado a otros pintores, a fotógrafos, a cineastas (Alfred Hitchcock y las innumerables citas a Hopper en Psycho), animadores (homenaje a Nighthawks en The Simpsons)...¡e incluso a Madonna! (su espectáculo Girlie Show surgió a partir de sus pinturas).

¡Os animamos a que descubráis a este fantástico e influyente artista!

14 de noviembre de 2010

El arte asturiano. 2ª parte - La arquitectura en tiempos de Alfonso II

¡Hola a tod@s!

En la anterior entrada os explicábamos brevemente los orígenes del reino de Asturias, desde la famosa batalla de Covadonga hasta el traslado de la corte a León. Hoy vamos a tratar ya cuestiones propiamente artísticas, centrándonos en el reinado de Alfonso II el Casto (791-842). Este monarca trasladó la capital del reino desde Pravia a Oviedo, donde por aquel entonces ya existía un monasterio dedicado a San Vicente, fundado por los monjes Máximo y Fromestano. La idea de Alfonso II fue la de construir una capital regia con sede episcopal (es decir, con obispo) que pudiese seguir el testigo de la Toledo visigoda: hoy apenas quedan vestigios de los edificios que debieron construirse entonces en la corte de Oviedo, pero gracias a las Crónicas Asturianas (textos redactados en tiempos de Alfonso III, a finales del siglo IX) sabemos que el rey Casto levantó un palacio con baños así como varias iglesias entre las que destacaban fundamentalmente la basílica del Salvador y las iglesias de Santa María y San Tirso. La mayor parte de este conjunto, que ocupaba aproximadamente la parcela de la actual catedral de Oviedo, ha desaparecido, de modo que se ha especulado mucho sobre su apariencia y disposición. De la época de Alfonso II únicamente se han conservado un fragmento de la antigua iglesia de San Tirso (el testero recto con triple arquería y alfiz) y la famosa Cámara Santa.

Dicho edificio, que hoy se encuentra un poco escondido dentro de la catedral, fue reformado en época románica y sufrió grandes daños en octubre de 1934, cuando fue volado en pleno conflicto revolucionario. Algunos especialistas, atendiendo a ciertas evidencias arqueológicas, consideran que estamos ante una obra del siglo X pero en general se suele admitir que la Cámara Santa fue construida en tiempos del rey Casto dentro del conjunto palatino ya citado. Se trata de un edificio realizado en sillarejo con planta formada por dos tramos rectangulares de diferente superficie, que en alzado se organiza en dos pisos. La zona baja, abovedada con bóveda de cañón sobre banco corrido, es conocida como cripta de Santa Leocadia, e incluye algunos enterramientos. El piso alto funcionaría, con toda probabilidad, como tesoro (espacio muy típico en la Edad Media donde se guardaban joyas, reliquias y cualquier elemento con valor monetario o simbólico) y también como oratorio privado. Originalmente se empleó bóveda de cañón en el tramo corto de la sala, de modo que la sala grande estaba techada con vigas de madera y no con la bóveda que hoy presenta (y que en todo caso es fruto de la restauración del siglo XX). También en época románica se construyeron los arcos sobre pilastras que ciñen exteriormente los muros del edificio. Desde el punto de vista formal, la Cámara Santa se encuadra perfectamente en la tipología de edificios martiriales tan exitosa desde la Roma tardoantigua y durante toda la Alta Edad Media. Hace falta mencionar también la torre de San Miguel, reformada en época románica pero que parece tener su origen en tiempos de Alfonso II (pudo funcionar como bastión desde el cual proteger el tesoro, de un modo más simbólico que práctico).


Es triste que no hayamos podido conocer el aspecto de la ciudad-corte que Alfonso II construyó en pleno centro del actual Oviedo, pero sin embargo sí tenemos la suerte de que se haya conservado un edificio excepcional, castigado desde hace años a convivir al lado de la autopista Y. Hablamos de la iglesia de San Julián de los Prados, que debió ser levantada en el primer tercio del siglo IX. Es un edificio de dimensiones considerables y bastante ambicioso, si tenemos en cuenta la juventud y modestia de la monarquía asturiana, carente de grandes medios. El templo, tal como dicen las Crónicas Asturianas, estaba dedicado a los santos Julián y Basilisa, y formaba parte de una residencia suburbana del rey Alfonso II (siguiento una costumbre iniciada por los emperados romanos y perpetuada durante siglos con usos simbólicos). El edificio cuenta con un nártex (vestíbulo) y un cuerpo de tres naves definidas por pilares sosteniendo arcos de medio punto. Un elemento llamativo es el transepto, muy desarrollado en planta y en alzado, destacando desde el exterior a mayor altura que las naves. Finalmente, la cabecera (o sea, el fondo del templo, donde se encuentra el santuario con el altar) se organiza en tres ábsides cuadrangulares rectos al exterior. Todo el edificio se techó con madera salvo los ábsides, que van cerrados con bóveda de cañón. Hay una estructura semejante a un gran arco triunfal que separa la nave central del transepto y que algunos investigadores han querido interpretar como un iconostasio (cierre semejante a una verja o cancel, móvil o permanente, que separa dos ámbitos en un templo). Lo más probable, una vez analizada la peculiaridad del gran transepto y la importancia que se dio a la separación de naves y cabecera, es que San Julián funcionase como iglesia monástica y que el propio Alfonso II pasase allí largas estancias haciendo gala de su virtud.

No podemos olvidar la importantísima decoración pictórica que inunda los muros del interior del templo: en San Julián de los Prados encontramos uno de los repertorios de pintura altomedieval más espectaculares de Europa. Se reproducen falsos mármoles, arquitecturas y cortinajes, dando gran protagonismo a una cruz con piedras preciosas, en un estilo muy enraizado en la tradición romana. La interpretación que se ha dado a este ciclo pictórico anicónico es que mediante los motivos ya mencionados se está representando la Jerusalén Celeste descrita en el Apocalipsis. Desde el exterior destaca especialmente la vista del testero de la iglesia (muro oriental), donde se abren tres celosías y, en el piso alto, una triple arquería que ilumina el espacio conocido como cámara secreta, de uso poco claro. También en época de Alfonso II se construyeron, en las afueras de Oviedo, los templos de Santa María de Bendones y San Pedro de Nora: ambos, con características propias de la arquitectura alfonsí, se encuentran muy alterados y restaurados y su interés es relativamente menor.

(Continuará...)

Para saber más:
Mirabilia Ovetensia - Página de Francisco Borge con estupendas infografías
Artículo de Víctor Nieto Alcaide sobre la arquitectura asturiana a través de las Crónicas

12 de noviembre de 2010

El Arte asturiano. 1ª Parte - La aparición del reino de Asturias

¡Buenos días a tod@s!

Hace unos días una compañera nos pedía, a través de un comentario, que tratásemos alguna cuestión referente al Arte asturiano. Tarde o temprano teníamos que dedicar una entrada al arte de esta región atrapada entre el mar Cantábrico y la cordillera de mismo nombre: en el temario de Historia del Arte de 2º de Bachillerato tiene un papel protagonista dentro de la unidad dedicada a la arquitectura de la Alta Edad Media en España, y en los exámenes de PAU (no sólo en el Principado) los edificios del reino de Asturias suelen ser un clásico. Es por eso que hoy haremos una pequeña introducción a un patrimonio tan modesto como especial, que despierta el interés de no sólo muchos asturianos sino amantes del arte medieval en general.

En primer lugar, es necesario trazar un panorama claro sobre la situación de Asturias en la época en que se desarrolló este arte, de modo que esta entrada será un mero repaso de Historia Medieval (que no os vendrá mal, teniendo en cuenta lo lejos que os queda lo aprendido en la E.S.O.). A comienzos del siglo VIII d.C. la Península Ibérica se encontraba sumida en una auténtica crisis política y social. Los visigodos, en sus luchas por hacerse con el poder, no esperaban la llegada de un agente extranjero que rápidamente les arrebató el control de los territorios peninsulares. En el año 711 las tropas musulmanas lideradas por el caudillo bereber Tariq cruzaron el Estrecho de Gibraltar y comenzaron un proceso rápido y exitoso de ocupación. En apenas unos años, la mayor parte de los territorios peninsulares se encontraban bajo la administración de los invasores.


Paralelamente a la consolidación del dominio musulmán (al-Ándalus) se fue organizando un foco de resistencia cristiana en el noroeste de la Península Ibérica, en la región de Asturias, en la que los musulmanes habían establecido temporalmente un gobernador llamado Muza. Se ha llegado a la conclusión de que dicha resistencia debía estar integrada por miembros de la nobleza visigoda que habrían huido desde el centro de España hacia el norte buscando refugio, para poder reorganizarse como fuerza política. En el año 722 se produjo la más que famosa batalla de Covadonga, durante tantos años mitificada por ciertos historiadores e ideólogos, y que más bien debió ser un enfrentamiento modesto entre la resistencia asturiana, liderada por el famosísimo Pelayo, y las tropas musulmanas. Es evidente que los musulmanes, considerando la región de Asturias poco atractiva (relieve escarpado, incomunicada, clima demasiado frío y húmedo), prefirieron conformarse con las tierras del sur y abandonar su tentativa inicial de ocupar de forma efectiva la zona asturiana.

Ese fue sin duda el gran error de los invasores: despreciar la importancia del foco de resistencia cristiano ubicado en el actual Principado. En los ciento cincuenta años siguientes, bajo el mandato de Favila, Alfonso I, Fruela, Aurelio, Silo...y otros muchos reyes se conformó en Asturias una monarquía cristiana, que se decía heredera legítima y directa del desaparecido poder visigodo, al cual imitaría en ritual y manejo de símbolos. El joven reino de Asturias contó con varias capitales (Cangas de Onís, Pravia, finalmente Oviedo, gracias a Alfonso II) mientras se afianzaba políticamente, extendiendo sus dominios hacia Galicia, Cantabria y León. Militarmente destacaremos el papel de los "Alfonsos" (Alfonso I "el Católico", Alfonso II "el Casto" y Alfonso III "el Magno"), quienes entre los siglos VIII y X lograron recuperar y repoblar tierras al sur de Asturias desplazando la frontera con los musulmanes hasta el río Duero, lo que supuso el primer gran avance dentro del largo proceso de la Reconquista. Finalmente, en el año 910 el rey García I desplazó la capital del reino a León, ciudad que facilitaba el gobierno centralizado de los nuevos territorios recuperados, y que planteó el fin del protagonismo de Asturias, desde entonces relegada a un segundo plano.

(Continuará...)

Lecturas de ampliación:

Gª PIÑEIRO, Ramón, RUIZ, David, VAQUERO IGLESIAS, Julio, Historia de España y Asturias, 2º Bachillerato, Ediciones KRK, Oviedo, 2005, páginas 87-92.

10 de noviembre de 2010

Andy Warhol y el arte digital

¡Hola a todo el mundo! ¿Qué tal lleváis la semana? Esperamos que no estéis muy agobiados. Hoy no vamos a tratar ningún asunto relacionado con las evaluaciones o la PAU, así que podéis respirar tranquilos. Os presentamos un curiosísimo vídeo de 1985 protagonizado nada más y nada menos que por Andy Warhol (el vídeo está en inglés, pero se puede seguir muy bien, así que además de aprender algo de Historia del Arte, practicáis vuestro nivel de lengua extranjera). Suponemos que a todos os suena este célebre artista, sin duda uno de los personajes más influyentes de la cultura contemporánea. Probablemente Warhol sea el más famoso de los creadores vinculados al movimiento llamado Pop art, corriente artística de vanguardia surgida en Reino Unido y EEUU a mediados del siglo XX y caracterizada por el empleo constante de imágenes y temas extraídos del mundo industrial, del consumo y la cultura de masas. Tendremos tiempo de tratar el Pop art con más calma, así que ahora disfrutad de este vídeo en el que Warhol, utilizando un ordenador personal Amiga (que hoy tiene el aspecto de una auténtica antigüedad), realiza retoques sobre una fotografía tomada a la cantante pop Deborah Harry, vocalista del grupo musical Blondie y musa del artista. El resultado es algo muy similar a sus famosos retratos pop de Marilyn Monroe, Elvis, Mick Jagger o la propia Deborah Harry.



Es posible que Warhol fuese uno de uno de los primeros artistas de renombre que entendieron las posibilidades ofrecidas por la tecnología digital para crear. Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Creéis que el arte digital puede compararse al arte "de taller"? ¿Tienen cabida las artes plásticas en un mundo cada vez más informatizado? ¡Esperamos vuestras respuestas!

9 de noviembre de 2010

Ejercicio práctico de PAU - La pintura impresionista en Francia

¡Hola a tod@s! Hace unos días os propusimos como lectura la corrección de un tema de PAU sobre arquitectura clásica. Hoy vamos a repetir la práctica con otro tema que se planteó en el examen de Historia del Arte de junio de 2010, y que llevó por título: "La pintura impresionista en Francia". A continuación comentaremos detalladamente los tres puntos en que se estructura la pregunta de PAU, de forma que podremos ver qué sería conveniente contestar, y de paso repasaremos materia del temario.

a. Señala la época y el centro más importante en que se desarrolló. Cita los artistas más destacados.

Esta es una pregunta de contextualización. No requiere que nos extendamos, pues está formulada de forma muy concreta. Lógicamente, ubicaremos el movimiento llamado Impresionismo en el tiempo y el espacio, citando la famosa primera exposición de pintores impresionistas que tuvo lugar en abril de 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar, en París (que a finales del siglo XIX era el epicentro de la vida artística en Europa). Señalaremos igualmente que el Impresionismo ya venía gestándose en los años previos a dicha exposición y que se extendió cronológicamente a lo largo del último cuarto del siglo XIX (de hecho pervivió incluso bien entrado el siglo XX, llegando a convivir con las famosas vanguardias históricas).

A continuación citaremos a los artistas más destacados: el Impresionismo contó con un gran número de creadores en nómina, pero algunos nombres son ineludibles. Hablaremos necesariamente de Edouard Manet (aclarando su condición relativa como impresionista), Claude Monet (cuya pintura "Impresión, sol naciente", sirvió involuntariamente para dar nombre al movimiento artístico, después de que el crítico Louis Leroy se mofase de la misma en la revista Le Charivari), Auguste Renoir, Edgar Degas, Camille Pissarro, Alfred Sisley y Berthe Morisot.

b. Características que definen su estilo y principales innovaciones que aporta.

En esta pregunta sí nos detendremos más, para reflexionar sobre las cualidades que definen al Impresionismo a nivel teórico y plástico. Para empezar, citaremos la estrecha vinculación existente entre el Impresionismo y algunos hallazgos y experimentos científicos de la época. La pintura impresionista emerge en buena medida inspirada por los descubrimientos que en materia de óptica, luz y color realizaron figuras como el químico francés Chevreul y el físico norteamericano Rood. Fundamentalmente, y partiendo de dichas teorías científicas, el Impresionismo apostó por una renovación en el manejo del color y la luz, pensando en recrear de la forma más exacta posible la apariencia de la realidad. Para ello recurrió a los colores puros: frente a la tradicional mezcla de pigmentos en la paleta o sobre el lienzo (que desvirtuaba la pureza y luminosidad del color per se), promovió la llamada mezcla óptica (los colores no llegan ya fundidos al ojo, sino que se presentan fragmentados, independientes, mezclándose en el ojo del observador y dando lugar a efectos mucho más intensos y naturales).

Para lograr preservar la pureza del color y fomentar la mezcla óptica, los impresionistas recurrieron a pinceladas rápidas y cortas, toques puntuales de color aplicados de forma yuxtapuesta, evitando las capas o veladuras. Se restringe mucho o desaparece el color negro al preferirse la obtención de sombras coloreadas, más ajustadas a la teoría óptica reinante. Un rasgo típico de la pintura impresionista es su apariencia inestable, evanescente, con carácter de instantánea, fruto de un trabajo de ejecución rápida centrada en "congelar" los cambios de luz y sombra, de color o de atmósfera (debemos mencionar la importante aportación de la fotografía, que marcó a los impresionistas en su búsqueda de la captación inmediata de las apariencias, así como en aspectos de composición). Buena parte de los impresionistas trabajaron al aire libre (plein air), siguiendo una costumbre ya iniciada años atrás por algunos de los paisajistas de la Escuela de Barbizon. La comercialización de materiales ya preparados industrialmente, tales como colores en frascos metálicos que mantenían la pintura fresca y permitían su transporte, fue fundamental para fomentar la salida de los pintores desde sus estudios al campo o la ciudad. En buena medida los impresionistas causaron además asombro por el pequeño formato de sus pinturas, que contrastaba mucho con el gigantismo de la pintura oficial de la época. También fueron muy controvertidos algunos de los temas tratados en su pintura, cotidianos e incluso íntimos, alineados en una tradición realista bastante alejada de la grandilocuencia de la pintura mitológica o histórica francesa.

c. Indica los temas predilectos de estos pintores y el título de alguna de sus obras.

Como ya dejábamos ver al final de la respuesta a la segunda pregunta, los temas tratados por los impresionistas se alejaron de la Mitología y la Historia, bases fundamentales de la gran pintura oficial francesa. Aunque años antes ya se habían producido intentos por introducir nuevas temáticas en el arte francés (por ejemplo, el Realismo de Courbet, con un fuerte componente crítico y socialmente comprometido, o el arte de la ya mencionada Escuela de Barbizon, que intentaba generalizar un género tan despreciado tradicionalmente como el del paisaje), fue el Impresionismo el movimiento que definitivamente triunfó a la hora de consolidar nuevas temáticas. El paisaje fue efectivamente uno de los asuntos más queridos por los impresionistas (caso de Monet, pero también Pissarro o Sisley), puesto que permitía ensayar todas las cuestiones relativas a la captación instantánea de los cambios presentes en la naturaleza. Los cursos de los ríos, las nubes en movimiento o las sombras entre los árboles se convirtieron en excelentes excusas para ejercitar la nueva forma de mirar y representar la realidad. También fueron habituales los temas de la vida en la ciudad, desde una perspectiva casi documental o periodística cercana a la fotografía: se capta la vida en los cafés, teatros y cabarets (caso de Renoir o el Manet tardío), los paseos multitudinarios por los bulevares de París o las orillas del río, las estaciones de tren humeantes (existe cierta fascinación por la nueva tecnología que también se manifiesta en estas obras)... Igualmente fueron muy frecuentes las escenas domésticas (madres con hijos en casa, niños jugando o tocando un instrumento, escenas de baño o aseo). No debemos olvidar que estos pintores pertenecían a la clase burguesa, y por tanto representaban a través de su pintura el medio social en que vivían: Renoir, Degas o Morisot fueron especialmente adeptos a esta temática intimista. También cultivaron el retrato. En líneas generales, la pintura impresionista es vitalista, amable y optimista, fiel reflejo de la vida burguesa en el París de finales del XIX, pero resulta quizá un tanto distante o carente de compromiso si la comparamos con la crudeza del Realismo precedente o el dramatismo de los posteriores Expresionismos.

Lógicamente, como alumnos tenéis total libertad para elegir las pinturas con las que queréis ilustrar vuestra explicación. Os recomendamos que no vayáis a obras desconocidas o dudosas y que optéis por pinturas consagradas, populares y sobre todo, en las que los aspectos comentados previamente sean evidentes. A continuación proponemos un ejemplo de paisaje campestre, de escena urbana y de escena doméstica. Y recordad, una visita a la web del Museo d'Orsay (mirad a la derecha en la lista de enlaces) quizá pueda ayudaros a encontrar los ejemplos perfectos.

Claude Monet - Amapolas en Argenteuil (1873)

Auguste Renoir - Bailando en Le Moulin de la Galette (1876)

Berthe Morisot - La cuna (1872)